La piedra filosofal en la alquimia

Nos cuentan los alquimistas que conseguir la Piedra Filosofal es un don de Dios que muchos persiguen, pero pocos consiguen. Y sí, en pleno siglo XXI la práctica de la alquimia continúa atrapando a muchos y variados personajes que transitan por una vereda que se abrió paso en occidente hace ya unos dos mil años. Por eso en este post os hbalamos del papel de la Piedra Filosofal en la alquimia.

Nuestra imaginación vuela cuando oímos hablar sobre ella. A la mente nos vienen imágenes de un laboratorio, probablemente oculto, lleno de matraces, alambiques y hornos en los que un pobre loco lucha toda su vida por conseguir una quimera: convertir el plomo en oro. Esa imagen no es gratuita, ya que la literatura, la pintura y la leyenda, se han encargado de transmitírnosla.

La leyenda de la Piedra Filosofal

Dicen que toda leyenda esconde un poso de verdad, y en el caso de la alquimia esa máxima se cumple a la perfección porque esos extraños personajes existieron en realidad, haciendo importantes aportes a nuestra química actual, y porque lo que buscaban, la transmutación metálica, los propios científicos nos dicen que sí es posible. Al menos en su pensamiento, el viejo arte de la alquimia es entonces un adelantado a su época.

En ese no tan imaginario laboratorio se llevaban a cabo distintas operaciones: destilaciones, cohobaciones, incineraciones, etc., destinadas a separar compuestos, purificarlos y reunirlos después. Pero también era el lugar en que el alquimista rezaba, leía y meditaba.

“Ora, lee, lee, lee, relee, trabaja y encontrarás”, es el consejo que nos deja el anónimo autor de un precioso libro titulado Mutus Liber. Y es que quien decida adentrarse en el tortuoso, pero bello camino de la alquimia va a necesitar muchos consejos, a la par que dotarse de una gran dosis de paciencia. Naturalmente, obtendrá la ayuda que necesita de los grandes maestros que nos han legado sus conocimientos y experiencias en todo un corpus alquímico, y tal vez, tendrá la suerte de toparse con la inestimable ayuda de un maestro vivo. Pero todo esto será en vano si no pide la bendición de Dios y de su guía la Naturaleza.

La contemplación, comprensión, meditación e interiorización del funcionamiento de la Naturaleza es lo que despertará la intuición del aprendiz. Al fin y al cabo, el proceso que se lleva a cabo en el laboratorio es el microcosmos en el que se operan los trabajos de ese macrocosmos que en comparación sería la Creación.

Si el alquimista consigue la Piedra Filosofal pasará a llamarse adepto. El proceso para su obtención habrá comenzado con la elección de la materia prima mineral o metálica con la que se identifica. Independientemente de la vía por la que haya optado, de todas las descritas en los libros y la tradición, deberá proceder a la disolución de sus componentes, a la purificación de sus partes y a la posterior reunión de las mismas, sin olvidar jamás el agente que va a obrar el milagro de la resurrección de lo que antes hemos conducido a su muerte o separación. En eso consiste el famoso “Solve et Coagula” que debemos tener presente en cada acción que realicemos sobre nuestra materia elegida. El plomo sufrirá la disolución o reincrudación para liberar sus tres principios constitutivos que en alquimia reciben los nombres de azufre, mercurio y sal, de cualquier otro que le sea extraño. El azufre debemos entenderlo como el ingrediente masculino de la ecuación que es seco, caliente y activo. El mercurio como su compañera femenina, fría, seca y pasiva, y la sal, la cristalización de los dos actores principales.

Tras esa primera fase conocida con el nombre de Nigredo por la aparición del color negro en la Obra, se pasará a la siguiente etapa denominada Albedo en la que el negro cede el paso al color blanco de la purificación. Finalmente, el tercer estadio o Rubedo vendrá determinado por la aparición del color rojo que marcará el éxito de las operaciones.

Pero dejemos a un lado el laboratorio, porque antes de decidir si queremos emprender o no ese largo viaje, lo más importante es tener claro donde nos estamos metiendo, más allá de las archiconocidas virtudes que posee la Piedra Filosofal de transmutar el plomo en oro y lograr una medicina universal o elixir de larga vida que es sin duda un premio anhelado por cualquiera de nosotros.

Qué es la Piedra Filosofal

Si analizamos el propio término Piedra Filosofal trascendiendo el ámbito de su aplicación en el mundo físico que nos rodea, encontramos que está formado por dos palabras aparentemente antagónicas. De un lado la piedra que simboliza el mundo mineral, terrestre, material y pesado, y de otro lado, la filosofía, tan inmaterial, etérea y espiritual, ligada al mundo del pensamiento y del intelecto.

La denominación Piedra Filosofal nos está delimitando el inicio y el fin de la alquimia. Dos palabras separadas por un espacio en blanco en el que se desarrolla todo el misterio de una muerte y resurrección metafóricas. Un camino que puede simbolizar una evolución lineal hacia adelante, pero que los alquimistas prefieren representar como una ascensión que se realiza mediante una escalera que une lo de arriba con lo de abajo para obrar el milagro de conducir a cualquier ser vivo a su perfección. El hombre, que al comienzo se identificaba con la piedra de partida, encontrará su perfección transformándose en el filósofo, el hombre renacido perfecto; mientras que el plomo o, cualquier otra piedra, mineral o metal, su compañero y alter ego, lo hará transmutándose en oro.

Por eso sabemos que la Piedra Filosofal nunca caerá en manos de quien no la merezca, por más que la busque con ahínco, grandes medios y conocimientos. La idea del bien, de belleza, de piedad, vocación y perfección humana van indisolublemente unidas en la posibilidad de alcanzarla.

El camino iniciático que emprende el alquimista ha sido comparado con la extraña búsqueda que los míticos caballeros del rey Arturo llevaban a cabo para encontrar el Grial.

La alegoría del mito artúrico no escapa al símil de las dificultades que debe vencer el valeroso caballero en su transitar, con las del sufrido alquimista en su laboratorio. Si seguimos la versión de Thomas Malory en su obra “La muerte de Arturo”, el Grial es una copa de oro que alimenta y sana. Malory nos cuenta que de todos los nobles caballeros que lo buscan, sólo Galahad, el más puro y piadoso logrará ver las cosas espirituales con él.

Nadie sabe con seguridad qué le ocurre al alquimista cuando ingiere la Piedra Filosofal, su Santo Grial, pero sin duda, uno de sus grandes anhelos será la contemplación con los ojos del pensamiento de un mundo inteligible y divino con el que está necesariamente unido. Visión que será aprehensible cuando el contenido del Grial lo haya sanado y alimentado.

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La piedra filosofal en la alquimia
(c)
Alicia Maria Carrasco Jiménez

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